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domingo, 17 de abril de 2016

Realidad y Ficción. Tertulia en el taller Lola Arts

El pasado viernes 15 de abril pudimos disfrutar de uno de nuestros encuentros. Tuvo lugar en el taller Lola Arts, donde la artista Lola Gabriel tiene su residencia y su espacio de trabajo.
La tertulia "Realidad y ficción" resultó divertida, espontánea, y con nuevos talentos literarios.
Vinieron algunos de nuestros tertulianos más emblemáticos.
Deseando amar. © Lola Gabriel

Hubo lecturas desconcertantes y al tiempo llenas de fuerza, de obsesión, de belleza: desde el acendrado intimismo del hombre que necesita matarse a sí mismo (Antonio), pasando por poemas evocadores de una belleza inasible (Dieu), continuando por un pragmático discurso sobre la fuerza de la realidad virtual (Jose Ignacio), por una narración breve en la que se muestra el desprecio de un individuo mediocre hacia el hipoglifo que ha recibido como regalo de cumpleaños (Hermes) y por otra que describe la desesperación de un minotauro que trata infructuosamente de trascenderse y establecer contacto con la sociedad (Miguel Ángel), hasta llegar a las Cosas, textos casi telegráficos en los que una niña-joven trata de sobrevivirse a sí misma y a su pasado, y cambiar su autopercepción (Lola)...
Todas ellas nos ayudaron a reflexionar de una manera u otra sobre el tema propuesto para la sesión: "Realidad y ficción", así como su híbrido, la veracidad.
En resumen, la tertulia resultó, como siempre, jugosa y llena de chispa. Resulta delicioso contar con personas que disfrutan de la lectura y del debate desenfadado. Gracias a todos los participantes, nuestras reuniones de los viernes logran hacerse entrañables y acogedoras.
Espero que pronto nos podamos encontrar en la próxima.
Un gran saludo, 
Lola Gabriel.

sábado, 10 de mayo de 2014

Pedrezuela



Salimos de Plaza de Castilla a las once y fuimos en coche hasta la casa de campo incomparablemente hospitalaria de Xan. Pasamos la mañana jugando con Didi y Trucho, los dos amigos caninos de Xan. El primero se enamoró perdidamente de la terrier de los vecinos. Sufrió en silencio, igual que los aprendices de escritores, que preparábamos la parrilla, hacemos a veces, ladró a todas las motos que pasaron por la carretera cercana y reclamó con escasa convicción las sobras de la parrilla.



Comimos carnes, embutidos, panceta y secretos y un surtido de ensaladas que Lola había preparado. Nos sentamos a comer bajo una enredadera, y más tarde, a discutir de literatura, bajo la sombra de unos espigados abetos.



La hija de los vecinos de Xan se llamaba Puja, era de origen indio, y nos enseñó a bailar Bollywood.



Los textos estuvieron a la altura de la tarde. Abel leyó y releyó varias de sus poesías. Sonsoles practicó un ejercicio literario que imitaba la voz de un hombre arrepentido. La mayoría de los lectores no se creyó que aquella fuera la voz de un hombre, tampoco que, de serlo, pudiera pensar de esa manera.



Pilar leyó un relato sobre la fiesta de Moros y Cristianos de su pueblo de origen. Detrás de un lenguaje desbordante había una crítica al hombre pusilánime de nuestros días que no es capaz de enfrentarse a una dificultad mayor que la que suponga manejar un ratón de ordenador.



Hermes narró un naufragio. En el barco viajaba mujer que el protagonista había amado toda su vida y la salvaba. También viajaba el hombre que había amado ella, que no sobrevivió. Humor y lirismo servían para arrastrar al lector a una tensión casi mágica.

Miguel leyó un cuento tan sugerente que cada tertuliano habló de él como si hubiera leído una historia diferente. En la historia un español que vive sin ilusión y sin trabajo, viaja a un Báltico hostil para descubrir una mujer y un rayo de esperanza, pero por una razón que ignoramos elige volver a su vida gris, consciente de que va a arrepentirse.



Pilar, la Pilar habitual de la tertulia, hubo dos Pilares esta vez, leyó el último relato de la tarde, que ya había leído en otra ocasión. Una mujer encuentra el mismo escollo con tres hombres diferentes desde su juventud hasta su madurez. Los tres le preguntan “¿tú qué es lo que quieres?” Lo que parece una pregunta resulta ser un test del cual depende la relación. Ella busca una respuesta que los mantenga a su lado, pero solo consigue alejarlos.

Mi opinión, sobre el último relato es que abre muchas preguntas sobre hasta donde llega la incomunicación entre hombre y mujer. Mi opinión, también, es que la respuesta del relato es antiheróica, pasiva, y casi podría decirse, resentida. La narradora, y la protagonista, lejos de rebelarse contra ese examen que no entienden o que las hiere, deciden someterse a él. Es así como el objeto del deseo, lejos de alcanzarse o perderse, se convierte en aquello que las humilla.



La tertulia se alargó hasta las ocho. Algunos habían echado una cabezada, la mayoría participó intensamente en las lecturas. Todos nos fuimos con la cabeza llena de ideas y el estómago saciado de buena mesa. Fue así como pusimos el punto final a un exultante día de primavera en el norte de Madrid.

Más fotos de la tertulia en Flickr.

domingo, 18 de agosto de 2013

Tertulias literarias en Estados Unidos



En Estados Unidos la red social de kedadas se llama meet up. Hay cientos de quedadas en cada ciudad cada día. Los desconocidos quedan para jugar al monopoly, para speed date, para caminar, para bailar, y para hablar de literatura.

Las tertulias culturales son temprano y nunca duran más de dos horas. El organizador pone una hora para acabar, y nadie se queda mucho más allá. Fui a tertulias de tres a cinco, de cinco a siete; la más tardía empezó a las siete.

El americano tiene un punto comedido que le asemeja al británico. No pone gran emoción en sus exposiciones y está encantado de ceder la palabra. Es difícil que haya una estrella en una tertulia; nadie quiere llamar mucho la atención. También es difícil que alguien se quede callado a menos que quiera quedarse callado. Se invita siempre a participar al que menos ha hablado, y nadie le interrumpe. Es como si cuanto más rato está en silencio, más puntos acumula el contertulio para su intervención. Se escucha más al que más ha escuchado.

Las tertulias son tan variadas que hay una cierta especialización. Fui a tertulias de creadores que querían opiniones sobre sus escritos. Para no perder tiempo dejaban el texto publicado en la web de meet up y no se leía en público. También había quedadas de lecturas, donde se programaban libros para comentar. La tertulia de comedia explotaba solo el aspecto humorístico de los textos y no se hablaba de ningún elemento de estilo que no estuviera al servicio de ese objetivo. En la tertulia de Arlington Writers se abordaba un enfoque cada semana, en una se leían textos, en otra se hacían ejercios, y en la que yo asistí, los profesionales explicaron a los principiantes como se entraba en el mundo editorial. Mi tertulia favorita era la tertulia de filosofía. El marco del patio interior del Smithsonian de Foster acogía un grupo variopinto, especialmente de científicos que hablaban de "dead philosophers". Tenían un sesgo americano de entender la filosofía, eran prágmáticos y liberales, aceptaban otras creencias y daban la sensación de aprovechar intelectualmente aquellas dos horas de domingo.